miércoles, 26 de febrero de 2014

Revolution?



Las cosas en España van muy mal, esa es una realidad… aunque quizás una realidad algo distorsionada. ¿Por qué no nos planteamos volver la vista atrás, donde la sabia maestra ‘Historia’ escuchó esa frase de otras bocas, en otras ocasiones?

La gente puede soportar impuestos, puede soportar injusticias, puede agachar la cabeza ante su nómina, puede quedarse en casa viendo la televisión y esperando a que lleguen tiempos mejores… Hay muchas cosas que una persona puede soportar, pero esa resistencia se desmorona cuando se es atacado por el mayor instinto de supervivencia que tiene un ser vivo: el hambre.
Donde hay hambre hay revolución… y no tenemos una prueba, ni dos ni tres. Solo párate a ojear una enciclopedia o uno de esos libros de historia que tienes en casa, muriéndose bajo el polvo y conteniendo tanta vida junta a la vez. Es irónico.

¿Por qué en España no hay revolución con más de 6 millones de parados? Porque no hay verdadero hambre. Podríamos agradecérselo a la economía sumergida… o a la larga podríamos echárselo en cara. Pero esta situación no va a durar siempre, de hecho es un contexto que se sujeta con pinzas.
Los asaltos a supermercados y a pequeños establecimientos, robos, delincuencia etc han aumentado un 400% en el amparo de los barrios marginales; solo es el comienzo de algo que se ha repetido a lo largo de toda la historia.

Pero claro, eso en las noticias no sale. Esos telediarios que ves cada día delante de tu plato de macarrones o de tu filete pertenecen a alguien que está buscando su propio bien; y el arte y la dificultad de todo eso está en competir por ver qué cadena manipula la información de manera más sutil. ¿Para qué? Para no crear alarma social.
Eso es, amigos, por lo que vivimos en un mundo controlado a favor de unos pocos, donde las mayores consecuencias no las mueve una escopeta o una navaja, sino un micrófono y una cámara. Les hemos creado además, la tecnología para que se propague velozmente a todo el mundo, algo que debería considerarse un crimen si se utiliza para estos fines.

Es importante no perder los modos, no alertar a la población, no encender la corta mecha de aquellos revolucionarios que esperan en sus casas escribiendo nuevas pancartas. ¡Ah! Pero esos datos están ahí, ocultos como ratas desagradables que estropean este mundo de ratones blancos. Preguntad al Ministerio de Interior si no os lo creéis.

No hay que ser rojo para darse cuenta, ni negro ni incoloro. Lo único que hace falta es tener ojos en la cara y querer ver lo que te rodea.



PD: ¡Ah! Acordaros al final de quedaros con lo contrario de lo que os digan en el Ministerio.

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